lunes, 9 de enero de 2012

UNA REALIDAD APARTE (C.CASTANEDA) Fragmento final. cap. XIV


Duranteaños he tratado realmente de vivir de acuer­do con sus enseñanzas ‑dije‑. Porlo visto no he sabido hacerlo. ¿Cómo puedo mejorar ahora?
‑Piensasy hablas demasiado. Debes dejar de hablar contigo mismo.
‑¿Quéquiere usted decir?
‑Hablasdemasiado contigo mismo. No eres único en eso. Cada uno de nosotros lo hace.Sostenemos una conver­sación interna. Piensa en eso. ¿Qué es lo que siemprehaces cuando estás solo?
‑Habloconmigo mismo.
‑¿Dequé te hablas?
‑Nosé; de cualquier cosa, supongo.
‑Tevoy a decir de qué nos hablamos. Nos hablamos de nuestro mundo. Es más,mantenemos nuestro mundo con nuestra conversación interna.
‑¿Cómoes eso?
‑Cuandoterminamos de hablar con nosotros mismos, el mundo es siempre como debería ser.Lo renovamos, lo encendemos de vida, lo sostenemos con nuestra conversa­cióninterna. No sólo eso, sino que también escogemos nuestros caminos al hablarnosa nosotros mismos. De allí que repetimos las mismas preferencias una y otra vezhasta el día en que morimos, porque seguimos repitiendo la misma conversacióninterna una y otra vez hasta el día en que morimos.
"Unguerrero se da cuenta de esto y lucha por parar su habladuría. Este es elúltimo punto que debes saber si quieres vivir como guerrero.
‑¿Cómopuedo dejar de hablar conmigo mismo?
‑Antesque nada debes usar tus oídos a fin de quitar a tus ojos parte de la carga.Desde que nacimos hemos es­tado usando los ojos para juzgar el mundo. Hablamosa los demás, y nos hablamos a nosotros mismos, acerca de lo que vemos. Unguerrero se da cuenta de esto y escucha el mundo; escucha los sonidos delmundo.
Guardémis notas. Don Juan rió y dijo que no buscaba llevarme a forzar el proceso, queescuchar los sonidos del mundo debía hacerse armoniosamente y con granpaciencia.
‑Unguerrero se da cuenta de que el mundo cambiará tan pronto como deje de hablarsea sí mismo ‑dijo‑, y debe estar preparado para esa sacudida monumental.
‑¿Quées lo que quiere usted decir, don Juan?
‑Elmundo es asi‑y‑así o así‑y‑asá sólo porque nos de­cimos a nosotros mismos queesa es su forma. Si dejamos de decirnos que el mundo es así‑y‑asá, el mundodeja de ser así‑y‑asá. En este momento no creo que estés listo para un golpetan enorme; por eso debes empezar despacio a deshacer el mundo.
‑¡Palabraque no le entiendo!
‑Tuproblema es que confundes el mundo con lo que la gente hace. Pero tampoco eneso eres el único. Todos lo hacemos. Las cosas que la gente hace son losresguardos contra las fuerzas que nos rodean; lo que hacemos como gente nos daconsuelo y nos hace sentirnos seguros; lo que la gente hace es por cierto muyimportante, pero sólo como resguardo. Nunca aprendemos que las cosas quehacemos como gente son sólo resguardos, y dejamos que dominen y derribennuestras vidas. De hecho, podría decir que para la humanidad, lo que la gentehace es más grande y más importante que el mundo mismo.
‑¿Aqué llama usted el mundo?
‑Elmundo es todo lo que está encajado aquí ‑dijo, y pateó el suelo‑. La vida, lamuerte, la gente, los aliados y todo lo demás que nos rodea. El mundo esincomprensible. Jamás lo entenderemos; jamás desenredaremos sus secretos. Poreso, debemos tratarlo como lo que es: ¡un absoluto misterio!
"Peroun hombre corriente no hace esto. El mundo nun­ca es un misterio para él, ycuando llega a viejo está con­vencido de que no tiene nada más por qué vivir.Un viejo no ha agotado el mundo. Sólo ha agotado lo que la gente hace. Pero ensu estúpida confusión cree que el mundo ya no tiene misterios para él. ¡Quéprecio tan calamitoso pa­gamos por nuestros resguardos!
"Unguerrero se da cuenta de esta confusión y aprende a tratar a las cosasdebidamente. Las cosas que la gente hace no pueden, bajo ninguna condición, sermás importan­tes que el mundo. De modo que un guerrero trata el mundo como un interminablemisterio, y lo que la gente hace como un desatino sin fin."

No hay comentarios:

Publicar un comentario